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lunes, 16 de mayo de 2011

Brief case


Entonces me mudé a Buenos Aires para ver qué salía. Esto fue el 9 de abril de 2011 en un avión de Andes que, como buen augurio del
nuevo comienzo, salió a horario y llegó a la Capital del la República de la misma forma que salió. Volando. No voy a contar lo mucho que me emocioné en el almuerzo cuando madre me regaló un cuaderno de Jack y un huevito de Pascuas –porque las iba a pasar lejos de la familia-, o cuando me llegaron los versos que me escribió Marcos o vi las llamadas perdidas de Manuel. Fueron varios nuditos que se me amucharon en la garganta ese día.
La primera impresión de la casa en la que iba a alquilar habitación –y en la que hasta hoy sigo residiendo- fue fuerte. Llegué en pleno festejo de bautizmo de un infante X y tuve que subir las 2 valijas y los 2 bolsos por tres tremendos tramos de escaleras yo solita, mientras los flacos pasaban por el lado y me largaban un “buenas tardes “de compromiso. En realidad, para ser sincera, un pelado N/N me ayudó a subir la segunda valija por el tercer tramo de escaleras, cuando yo jadeante, transpirada, pero con la frente en alto y un dejo a glamour que se me escapaba como arena por los dedos, me arrastraba rezando el lenguas porque todo terminara. Nunca supe su nombre, pero hay un lugar en mi corazón que le pertenece. Dice “Pelado” a la entrada. Esa misma noche salí a comer con Cris a un tenedor libre de algún oriental y caminamos por Corrientes. Todavía no sabía si es que era de verdad o no.
En realidad hasta el día de hoy me sorprendo de a ratos viendo que estoy en acá…que no estoy de vacaciones sino que estoy haciendo de esta ciudá gritona, demandante, pintoresca, variada y voluptuosa, mi casa.
Al mes de haberme mudado me confirmaron que había entrado en una
agencia de seguridad informática para ser la voz en el teléfono que contactara a los clientes. Tuve que hacer un psicotécnico en el que me preguntaron tantas cosas y me hicieron hacer tantos ejercicios que sentí que estaban probando que tan seguros eran…o estaban. A pesar de todas las gansadas que dije, de haberme ido por las ramas como si de escapar se tratara, de haber escrito un extraño poema con el título “Mis Manos”, provisto por la psicóloga a carago y muchas cosas más, me tomaron. No sé si es porque realmente me tuvieron fe o porque pensaron que a alguien capaz de decir tantas gansadas al vuelo y de inventar tanto nadie le iba a creer en el caso de que se le diera por divulgar la confidencialidad de los datos. Hoy que tuve que ir a una charla para conocer al Vice –casí rompo un vidrio en la mesita moderna/poco práctica que tiene y me quedo sin la primera parte del goce salarial- me dijeron que una de las razones por las que me contrataron es que, como soy salteña, seguramente se hacer empanadas. Común error que comente la Capital entera cuando uno revela que procede de las lejanas y misteriosas tierras del norte. En fin, ríanse ahora que todavía no tienen idea de que contrataron a Sánchez para asuntos de seguridad y confidencialidad…..
En el tiempo que estuve acá aproveché para tomarme unas (in)merecidas vacaciones después de un año de ponerle la oreja al Macro –dato irónicotrágico: voy a trabajar justo al lado de una de las poquísimas sucursales que dicho banco tiene en esta provincia….sobran los comentarios. Fui al cine, salí a pasear, conocí un par de gentes y unos cuantos porteños, fui a Mar del Plata a disfrutar de un temporal de fin de semana, subí una torre de libros y me paré debajo de una araña gigante. También viví con una precaria instalación de gas desde que llegué y ahora vivo en la incertidumbre de –habiendo sido ya colocado el termotanque- no saber el día ni la hora en el que entenderemos por qué Metrogas no puede habilitara ESA conección. Cada vez que entre con mis ojotas a la bañadera –SI la vieran sabrían que l’ojota no es oCsional- y encienda el agua caliente me preguntaré ¿será esta mi última ducha? ¿me encontrarán chamuscada y una posición indiscreta los
bomberos? ¿tendrá tiempo de actuar el acondicionador antes de que todo termine?
Si bien este es un brevísimo resumen de las vivencias que viví desde que me vine a vivir acá, les da un panorama de que medianamente estoy yendo por el buen camino…o de que al menos todavía estoy caminando y de que nada me embistió cruzando alguna de estas avenidas aaaaaanchas que les gusta construir a las gentes de las capitales. Y sin que esto suene a discurso de Oscar, quiero agradecerles a todos los que me alentaron en este tiempo, que me ayudaron con contactos para los CVs, que me dieron ánimos y me bancaron desde que me agarró la loca y armé las valijas. Ustedes también tienen, como el Pelado, un lugarcito propio en mi corazón!!!!

miércoles, 2 de marzo de 2011

Epifanía descremada

Será poco romántico, pero las cosas no siempre vienen en una perfecta envoltura y las epifanías no llegan siempre con un aura espiritual. A mí me cayó la ficha en el super...comprando queso después del cine (la última de los Cohen) Creo que no hay escenario menos inspirador para que a uno se le revele como cachetazo lo que le espera a la vuelta de la esquina, pero en fin...
Cuando estaba en la caja, mientras la señorita le ofrecía a mi mamá donar $0.10 a UNICEF (no voy a hacer comentarios con respecto a esto...ahora) revisé la fecha de vencimiento del queso y vi que era en abril. Calculé que iba a tramitármelo antes y después dudé y me di cuenta que a lo mejor, la que desaparecía antes era yo. En abril ya no voy a estar en Salta (por más que el queso continúe preservado en la heladera -cosa que sinceramente dudo).
En un mes me voy a vivir a Buenos Aires. Desde que llegué de mis vacaciones el domingo, el aire estaba como diferente y ahora me doy cuenta que lo que estoy respirando es el olor a despedida. Que un mes se va a pasar más que rápido y que, por más que me voy a un lugar mejor (ahhhhh, el toque de dramatizmo léxico...) hay gente que quiero mucho que ya no voy a ver todos los días.
En mi casa no se habla del tema. No nos gusta que la nena se vaya sin recibirse (terminará alguna vez la carrera???), sin trabajo y sin una lista inenarrable de "cosas que tenés que hacer antes".
Tengo un nudo en la panza y otro en la garganta (es re complicado circular así de ajustada por la vida). Redepente se me juntan el miedo y la ansiedad como el hambre y las ganas de comer o un roto con un descosido. La verdad no tengo idea de qué voy a hacer en la Capital de la República. Tengo un pequeño tapao para amortizar un breve tiempo hasta que encuentre trabajo (hay que pagar el mendrugo y el j[u?]ergón diarios). Me llevo el título de Licenciada en Letras a medio cocinar (después de que mi directora me dejara por mail -fuckin' technology, you broke my heart!), las ganas de cambiar de aires y probar algo nuevo. Y un par de valijas con la pilcha.
Tanto tiempo con ganas de hacerlo, frenándome por miedos, por esperar a que todo esté ordenado para irme y derepente decidida a hacerlo pase lo que pase, porque las cosas nunca se ordenan al nivel de perfección que se requiere para abandonar la excusa. Es raro. Me sorprendí a mí misma. Y quería decirlo. I'm awsome!

jueves, 17 de febrero de 2011

Agua que no has de beber

Mediodía de sol y suave brisa en la costa marplatense. Una joven y despreocupada salteña de 26 años pasea por la orilla mientras su cuerpo se broncea -o eso cree- y sus piesecitos adornados con uñas color ciruela son refrescados por las olas que rompen locas en la arena. De repente, una palabra llama su atención.

- Señora (cuyas facciones delatan una abuela) - ¡No toquen eso! Es una aguaviva…pica

La salteña, atraída por la palabra y la curiosidad se acerca al grupo conformado por la señora sospechada de abuela y dos sujetos, un femenino y un masculino que no superarían la década de existencia. La señora mira con suspicacia a la intrusa.

- Joven salteña (como disculpándose por la intromisión pero sin poder ocultar la emoción que la embarga): Es que nunca había conocido un aguaviva en persona…



-Señora: ¡Qué divina! No debés ser de por acá ¿no? – dice mientras agarra a los niños de las manos y se aleja dejándome sumida en la contemplación de lo que parece una prótesis de silicona que se despereza en la arena.

sábado, 22 de enero de 2011

Once upon a December

Someone holds me safe and warm,
horses prance through a silver storm,
Figures dancing gracefully,
across my memory


Ya no sé si es que tiene importancia quién eras vos o, incluso, quién era yo en ese momento, sino únicamente lo que esa tarde -que se terminó más rápido porque quise que durara para siempre- me devolvió.


En algún lugar del camino que venía recorriendo me asusté al darme cuenta de que el teclado, el monitor, los auriculares y cables se me habían hecho carne. De que los discursos armados y vacíos, las respuestas automáticas y la desconexión con la voz que me hablaba por el teléfono me salían cada vez más naturales. Vi como, de a poco, me había ido borrando, me había quedado hastiada, sin ganas...


De repente, sin pedirlo ni esperarlo, esa tarde en el río, ese sol enceguecedor que iluminó la realidad hasta que me dolió, el canto del agua que jugaba con mis miedos y nuestras propias risas que me destaparon los oídos y me abrigaron el corazón.


Sin darme tiempo a pensar ni a decidir, un beso y un dejarme llevar por la corriente, arrastrada por torrentes de sensaciones, por la electricidad que corrió -loca- por cada centímetro de mi cuerpo. Fue mirarme en tus ojos, verte sonreír, escucharte decir mi nombre y sentir que algo se me despertaba dentro, el alma, tal vez, aturdida después de un letargo de máquinas acompasadas.


En un mismo segundo el río, la tarde, tu voz, tus ojos y tus brazos me envolvieron por completo, me convirtieron en pura sensación, puros sentimientos y en mí misma de nuevo.


El sol se perdió en los cerros y yo me dejé perderme en tu piel para poder encontrarme de nuevo y -protegida- juntar fuerzas y seguir adelante.