jueves, 17 de febrero de 2011

Agua que no has de beber

Mediodía de sol y suave brisa en la costa marplatense. Una joven y despreocupada salteña de 26 años pasea por la orilla mientras su cuerpo se broncea -o eso cree- y sus piesecitos adornados con uñas color ciruela son refrescados por las olas que rompen locas en la arena. De repente, una palabra llama su atención.

- Señora (cuyas facciones delatan una abuela) - ¡No toquen eso! Es una aguaviva…pica

La salteña, atraída por la palabra y la curiosidad se acerca al grupo conformado por la señora sospechada de abuela y dos sujetos, un femenino y un masculino que no superarían la década de existencia. La señora mira con suspicacia a la intrusa.

- Joven salteña (como disculpándose por la intromisión pero sin poder ocultar la emoción que la embarga): Es que nunca había conocido un aguaviva en persona…



-Señora: ¡Qué divina! No debés ser de por acá ¿no? – dice mientras agarra a los niños de las manos y se aleja dejándome sumida en la contemplación de lo que parece una prótesis de silicona que se despereza en la arena.

sábado, 22 de enero de 2011

Once upon a December

Someone holds me safe and warm,
horses prance through a silver storm,
Figures dancing gracefully,
across my memory


Ya no sé si es que tiene importancia quién eras vos o, incluso, quién era yo en ese momento, sino únicamente lo que esa tarde -que se terminó más rápido porque quise que durara para siempre- me devolvió.


En algún lugar del camino que venía recorriendo me asusté al darme cuenta de que el teclado, el monitor, los auriculares y cables se me habían hecho carne. De que los discursos armados y vacíos, las respuestas automáticas y la desconexión con la voz que me hablaba por el teléfono me salían cada vez más naturales. Vi como, de a poco, me había ido borrando, me había quedado hastiada, sin ganas...


De repente, sin pedirlo ni esperarlo, esa tarde en el río, ese sol enceguecedor que iluminó la realidad hasta que me dolió, el canto del agua que jugaba con mis miedos y nuestras propias risas que me destaparon los oídos y me abrigaron el corazón.


Sin darme tiempo a pensar ni a decidir, un beso y un dejarme llevar por la corriente, arrastrada por torrentes de sensaciones, por la electricidad que corrió -loca- por cada centímetro de mi cuerpo. Fue mirarme en tus ojos, verte sonreír, escucharte decir mi nombre y sentir que algo se me despertaba dentro, el alma, tal vez, aturdida después de un letargo de máquinas acompasadas.


En un mismo segundo el río, la tarde, tu voz, tus ojos y tus brazos me envolvieron por completo, me convirtieron en pura sensación, puros sentimientos y en mí misma de nuevo.


El sol se perdió en los cerros y yo me dejé perderme en tu piel para poder encontrarme de nuevo y -protegida- juntar fuerzas y seguir adelante.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ríos de tinta


Estoy intentando escribir algo, tengo un par de ideas dando vueltas por la cabeza, pero son mías, así que es una lucha sin cuartel (o cuon cuartel en mi cabeza) entre Sanchez y yo. Veremos que sale antes. Lo loco es que mis ideas, las tengo que escribir antes en papel...no hay como escribir, tachar, anotar al margen, hacer llamadas, llaves, flechas y cambiar una y mil veces las cosas que no me convencen. Si, ya sé, también se puede hacer algo parecido en la computadora, pero es parecido, no es lo mismo. Con mis 25 primaveras y mis ojos soñadores, soy de la vieja escuela, del puño y letra, del papel y tinta (tengo una lapicera fuente que era de mi tía, así que nisiquiera tengo que recurrir a la producción en masa de las biromes. Puedo escribir hasta mancharme los dedos con tinta y ver, después de largos cavilares, el producto y la creación en simultáneo. Es como un universo paralelo en el que todo se superpone y a la vez que se ve el resultado, se aprecia el proceso. La pc no tiene eso. Le falta el gustito.


Sánchez es más seguro, el plasma como cachetada todo de una buena vez(tia)...después ve lo que pasa, pero no está para ensuciarse los dedos ni perder tiempo valioso en el que podría estar perorando en las hojas de un cuaderno y la soledad del creador (porque uno está irredimiblemente solo cuando crea -y muchas veces, cuando no lo crea también-).

Esta entrada, más que entrada es un asomo, una especie de pico en el electrocardiograma del blog, como para que si alguien pasa a ver si estoy viva y me pincha con el palito, vea que , por lo menos, muevo la patita espasmódicamente, pero la muevo.

Uno de mis lectores me preguntaba dónde andaba, si es que no me había perdido por los dominos de Plutón. Y a lo mejor si, puede ser que sea una especie de Proserpina, que se asoma al mundo con la primavera. Es que el otoño y el invierno son estaciones que, si bien tienen su belleza, me entristecen un poquito. A mi me gusta ver que las cosas renazcan...esa parte del ciclo de la vida. Qué se yo, una especie de excusa bucólica-mitológica para explicar mi ausencia desde el 5 de julio.

En cuanto se decida quién vence en la batalla de la próxima entrada, será publicado.


Volviendo a lo primero, acá les dejo transcripto lo que dice en la foto, una creación de Marcos, mi hermano el menor, para que entiendan a qué me refiero con lo de crear en papel, y para mostrar la veta artística, creativa y delirante de uno más de mis queridísimos familiares:

Puedo escrbir tanto mi amor

sobre un tomate y un morrón

prometí poesia y puede ser canción

Puedo escrbir tanto sobre ellos dos



Puedo decir, mientras suena el bandoneón

que hoy solo tengo un tomate y un morrón

que eso fue todo lo que quedó

cuando le dije que no al corazón



O sino puedo tambien contarte

que de más está el tomate

que no necesito un pimiento

para cantar con sentimiento



Estoy harto del arroz,

ya el super me cerró

Y colgado con mi guitarra

Cenar no me importa nada



Y se que en parte es de vago

que de cenar no me hago

Pero si se presenta la ocasión

Soy feliz con mi morrón



Y esa noche, ahora te cuento

que disfruté mucho del momento

que bohemio y romanticón

pinto un tomate y hubo morrón