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domingo, 6 de diciembre de 2009

Rosario

Las cuentas estaban nuevas
cuando llegó a vos.
Fuiste pasándolas con mano erosionadora,
rasgando los misterios con el puño cerrado.
En cada descanso colocaste más pesada la cruz,
cantando antes victoria.
¡Desgranaste tan veloz y mecánicamente!
Poco te importó disfrutar acariciando cada tramo.
Meditaste tan poco cada palabra,
pusiste tan poco cuidado en el regalo
que entre tus dedos se escapaba,
que cuando llegó el momento de profesar
el final y supremo acto de fe,
no pude creerte.